STEFAN RUIZ & HIS RODEO QUEENS

Photo series by Stefan Ruiz.

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(Stefan and Tóxico have collaborated on various projects, and will again soon as soon as we can get him back down to Mexico City. He travels the world at an insane pace, taking pictures of wide-ranging subjects from African Vice-Presidents to Donald Trump to inmates at high security prisons. And he says these ladies ride em ponies like no other, without ever smearing their perfectly glossed lips.)

(Continue reading after the break for an interview published in Código 06170 magazine)

The (un)usual subjects:
Entrevista a Stefan Ruiz
Por Gabriella Gómez-Mont
Publicado en la revista Código 06140. Octubre 2007 (Versión sin editar.)

¿En qué momento decidiste dedicarte a la fotografía?
Nunca decidí ser fotógrafo, simplemente sucedió. Yo hacía pintura. Uno de mis profesores me pidió que lo acompañara al Oeste de África para ayudarlo en una investigación del Islam sobre arte africano tradicional en áreas musulmanas de la región, tomando fotos y haciendo entrevistas. Un día, meses después, una amiga me pidió que le enseñara las fotos que tomé a su mamá; al terminar la proyección me enteré para mi gran sorpresa de que su mamá “Alice” no era una mamá cualquiera sino Alice Walker, una curadora y escritora importante. Ella decidió organizarme una exposición individual. Además poco después empecé a dar clases de arte en San Quentin, la prisión de máxima seguridad, y de ahí salió mi primer proyecto formal, retratando a los prisioneros primero en pintura y luego en fotografía.

¿Alguna imagen que te haya impactado en tu niñez?
Una de las primeras imágenes que recuerdo es a mi tío, en su cocina, platicando conmigo y bebiendo jugo de jitomate. Él estaba en calzones y traía puesta la camisa de mi tía. Yo tenía como 3 años. No sé por qué exactamente pero esa imagen nunca se me ha olvidado.

¿Así que ahí empezó todo tu gusto por lo levemente extraño?
(Risa) Ahora que lo dices…

¿Recuerdas tu primera cámara?
Mi abuelo me dio mi primera cámara a los 10 años, una cámara automática, de esas muy baratas. Después mi mamá me regaló una buena cámara, aunque vieja y usada, manual, y me enseñó a usarla. Todavía tengo lo que tomé con esas cámaras: fotos de mis hermanos con sus bicis, mi perro…

¿Cómo ha influenciado la pintura la forma en que abordas la imagen fotográfica?
Como te decía estudié pintura, y además viví de chico en Italia durante un año, así que he visto muchos retratos renacentistas y demás. Me encanta van Eyck, Pierre della Francesco, Leonardo, Goya, Velázquez… siempre uso una cámara de gran formato, 4 x 5, probablemente porque me recuerda a ese tipo de composiciones.

¿Y pintas como fotografías?
Soy mejor fotógrafo que pintor. Más ahorita que llevo rato sin hacerlo. Pero quiero regresar a la pintura. Sólo que tenga tiempo.

Te has vuelto uno de los fotógrafos de retrato más reconocidos de hoy en día. Por lo mismo, por tantos viajes de trabajo, probablemente pasas más tiempo últimamente en los aviones que en un coche, y casi el mismo tiempo en hoteles que en tu casa en Brooklyn. ¿Sabes cuántas millas has acumulado en total?
No tengo ni idea. Pero han de ser miles. En los últimos dos meses, para ponerte un ejemplo, he estado en Carolina del Norte, Madrid, Los Ángeles, Londres, Paris varias veces, Madrid de vuelta, Viena, Nueva York…

Y hace unos meses fuiste a Africa del sur, y antes de eso a Astana, Kazakhstan…
Sí, Kazakhatzan estuvo intenso. Me mandó la revista Wallpaper a hacer un foto-reportaje. Fui en diciembre. Hacía un frío de no creerse, tanto, que se rompieron los resortes de mi cámara y tuve que hacer todas las toma con mi cámara amarrada con una docena de ligas. La mitad de la capital parecía Las Vegas en la nieve y la otra mitad una ciudad comunista de antaño. Además había construcciones en todas partes; el resultado era un paisaje de literalmente cientos de grúas colgando por encima de la ciudad. Extrañísimo todo. Fascinante. Pero qué frío.

¿Qué lugar te ha parecido el más inhóspito?
El Congo. Primero retraté a dos vicepresidentes, al ministro de interiores, y varios otros políticos importantes. Todo esto intentando llegar hasta el presidente, Joseph Kabila que sigue estando en el poder. Es el hijo de Laurent Kabila—quien peleó contra Mubutu durante 30 años—y en ese entonces era el presidente más joven del mundo. El clima político estaba loquísimo, probablemente es uno de los lugares menos seguros en los que he estado en mi vida, y créeme que he estado en lugares inseguros. Había un presidente y 4 vicepresidentes: cada uno pertenecían a diferentes facciones que estaban en guerra. Todos tenían sus ejércitos personales y sus guardaespaldas. Mientras yo le tomaba la foto a uno de los vicepresidentes todos sus guardaespaldas—hombres con armas, micrófonos, lentes obscuros—se paraban en cada una de las esquinas del cuarto, observando, sin quitarme los ojos de encima. Cuando por fin nos dieron permiso de tomarle un retrato al presidente llevábamos un día de habernos ido.

Has tomado retratos de una gama casi esquizofrénica de personas: desde prisioneros hasta artistas porno; desde Donald Trump hasta refugiados en Tanzanía; desde publicidad para Campers hasta ediciones de Colors Magazine… hay una diferencia en la manera que conceptualizas las imágenes en cada ocasión?
Normalmente siempre fotografío de la misma manera, sea quien sea, refugiado o millonario. Aunque quizá soy más cuidadoso en darles cierta dignidad a los refugiados y no me importa ridiculizar a las estrellas. Te confieso que en general no me encanta tomar fotos de celebridades, aunque hay ciertas personas que sí había querido conocer. Pero bueno. Lo que me parece interesante es entrar a la realidad de estas personas o más bien a la realidad que quieren proyectar. También me gusta fotografiar objetos; y me gusta fotografiar personas como si fueran objetos en el encuadre.

¿Qué celebridad te ha sorprendido más?
James Brown. Fuimos a su casa. Tenía varios mayordomos que nos decían constantemente “Mr. Brown estará con ustedes dentro de pronto.” Luego por fin llega a saludarnos, y James Brown no era ni de mi altura y eso que estaba usando botas de vaquero. Nunca me imagine que James Brown fuera tan chaparro. Eso me sorprendió. Y también su cabello, loquísimo. Se lo alaciaba y luego se ve que le echaba dos toneladas de spray para levantarlo y echarlo para atrás. Para ese entonces había sido una celebridad por más de 40 años. Él tuvo la primera estación de radio afro-americana. Ahorita está muerto. Qué loco estaba. Todo un personaje. Y muy difícil trabajar con él, solo me dejó tomar 5 fotos: contadas. Por otra parte, U2 fue muy profesional, fue sumamente fácil trabajar con ellos lo cual es sorprendente dada su fama.

¿Qué fotos tuyas tienes colgadas en tu casa?
En mi recamara tengo la foto de dos extras vestidas de muchachas, sentadas en la cama del set de una telenovela mexicana. En mi sala tengo un paisaje de Bolivia que parece pintura. Y voy a colgar el retrato del africano sin manos en mi estudio.

Sé que no se te va ningún mercados de pulgas de ningún país que visitas. Cuéntanos de tu obsesión.
Odio ir de compras sabiendo qué voy a comprar, y que todo se parezca a todo lo demás. Entras a una tienda y sabes que vas a encontrar camisetas, por ejemplo, miles de camisetas genéricas. En un Mercado de pulgas nunca sabes qué te vas a terminar llevando: puede ser un sartén o una pintura antigua. No hay forma de saberlo de antemano. Es pura suerte. Y un poco de talento: la verdad es que me encanta regatear. A veces te ven la cara, a veces logras precios buenísimos; ellos juegan contigo un poco, tú juegas con ellos un poco… me gusta ese tipo de interacción social. Por otra parte, viajando constantemente en los últimos 10 años he observado que hay una vida que está desapareciendo en todas partes, volviéndose–al igual que las tiendas– genérica. En los mercado todavía puedes encontrar rastros de mundos únicos y diferentes, mundos que se están yendo rápido, me deprime lo rápido… por eso me gusta también comprar en los mercados.

¿Para ayudar a que se vayan aún más rápido?
(Risas). Exacto.

Recuerdo que me contabas alguna vez que tu madre, también artista, te llevaba de chico a los basureros municipales para buscar materiales para sus piezas y regresaban seguido con cosas para la casa. Casi como ir de compras. ¿Tendrá que ver esto también con tu fascinación por los mercados de pulgas?
Más bien tiene que ver directamente con mi fascinación por los basureros en sí mismos, tú lo sabes bien, hemos ido juntos muchas veces. Pero ahora que recuerdo: de chico trataba de bajarle cosas a mis papás, a mis abuelos y a los vecinos, y varias veces al año me iba con mis hermanos a vender cosas al mercado de pulgas. No ganábamos mucho dinero, aunque para nosotros era muchísimo en ese entonces. Nos levantábamos muy temprano, todavía estaba oscura la ciudad, y nos llevaban en la pick-up nuestros papas a poner nuestro puesto en un auto-cinema en Santa Cruz.

¿Te arrepientes ahora de haber vendido entonces algo que te hubiera gustado tener hoy en día?
Sí. Una camisa de cuero de mi abuelo. Me imagino perfecto usándola ahorita.

Por otras cosas que me has dicho últimamente se me hace que tienes una fijación inusual por cosas hechas de cuero. ¿Por qué será?
Es el olor. Me encanta.

Hablando de lo inusual, se ha comentado que tus imágenes siempre le sacan una cierta cualidad extraña a las personas y situaciones que retratas. Me recuerda a la frase de Nietzsche, esa que dice que la única gente normal es la que no conoces bien. ¿Tus fotos buscan hacernos conocer mejor a sus sujetos, y de otras formas?
Sí. Las fotografías permiten ver cosas fuera de su contexto, encontrar lo extraño que se esconde en lo familiar. Me gusta que las imágenes sean bellas y técnicamente perfectas, pero también inquietante y reveladoras de formas sorprendentes, casi psicológicas.

¿Cuál es la creencia más extraña que tienes?
Que el bien le ganará al mal.

Y tú ¿también eres una persona inusual?
No completamente, pero es probable que me veo más normal de lo que soy. Antes por ejemplo era realmente penoso—bueno, sigo siendo muy penoso, pero ni la mitad de lo que era antes—así que cuando estaba en situaciones sociales siempre me sentía súper apenado y entonces empezaba a sentir que me separaba de la situación, y luego hasta de mi cuerpo, y podía observar todo a lo lejos y me parecía todo completamente ridículo.

Ese objetivización, por así llamarla, parecería aún tener cierto eco en el formato, la composición y el manejo de luces en tus fotos… Pero dime, tomando en cuenta esto y que me has dicho que eres un ser solitario y no un ser social, ¿cómo logras trabajar con tantas celebridades importantes?
La verdad es que intento hablar lo menos posible con ellos. No soy nada encantador en ese sentido, ni les digo como otros fotógrafos a las modelos lo bellas que se ven.

Más porque no es precisamente lo bello lo que estás intentando retratar. De hecho, muchas veces es lo contrario…
(Risa) Exacto.

Pero por otra parte quizá sea esto de tu personalidad–que en vez de intentar deslumbrarlos, simplemente les da espacio para que se queden desnuditos ante el lente y se olviden, dejándote retratar esa otra parte de su personalidad—lo que le da ese tono a tus imágenes.
Sí. Y creo que al final les parece casi fácil y natural el haber estado “posando”. Porque simplemente los dejo ser.

¿Si dejaras la fotografía que harías?
Pintaría, o haría esculturas.

¿En qué proyectos personales estás trabajando ahorita?
Estoy haciendo una serie de salas de emergencia en Francia. Estoy intentando acabar mi serie de telenovelas con Televisa. Y estoy haciendo varios proyectos que hago de poco en poco aprovechando los viajes de trabajo.

¿Qué fue lo que te llamó la atención de las telenovelas mexicanas?
Lo populares que son, y cómo abordan problemáticas como clases y aspiraciones sociales. También su estética. Cuando era director creativo de la revista Colors hicimos todo un número sobre ellas.

Si te tuvieras que casar con una de las actrices de telenovelas que has fotografiado ¿quién sería?
Las amo a todas. Y quiero conocer a más antes de decidirme.

¿Y si tuvieras que ser un actor en una telenovela?
Quisiera ser uno de los malos, vestido siempre de traje negro. Porque nunca uso trajes en mi vida diaria.

¿Cuál es tu cuarto favorito en tu casa?
Mi cocina en la mañana; el mejor momento del día es cuando me hago mi café. Y mi estudio el resto del día.

¿Tu objeto favorito?
Mi cámara. Por los lugares a los que me lleva y las situaciones en las que me mete.

Hablando de objetos y cuartos. Te compraste recientemente una casa brown-stone en Brooklyn: y afortunadamente tiene 4 pisos. Porque entre tus viajes, los mercados y tus fascinaciones estás acumulando cosas a un rítmo vertiginoso. Cuéntame de algunas de las cosas que coleccionas.
Brazos y piernas de cera que compro en Brazil. Pinturas de monjas. Fotos viejas. Objetos de cualquier tipo cuyas formas me fascinan. Retratos fotográficos sobre madera que encuentro cada vez que voy a México. Libros viejos. Postales. Películas. Revistas. Muchas cosas.

¿Qué revistas lees?
De todo un poco, pero sólo tengo subscripción al New Yorker.

Una felicidad pequeña y absurda.
Acabar algo. Siempre tengo tantas cosas que hacer al mismo tiempo que cuando llego a completar algo se me hace casi milagroso.

Una pequeña desesperanza.
Pensar en que tengo que limpiar y ordenar mi estudio. Tengo miles de negativos en docenas de cajas que tengo que revisar, ya ni sé que hay ahí.

Qué es lo que más disfrutas cuando regresas a Nueva York después de un viaje.
Andar en bici. Me encanta andar en bici. Es el medio de transporte que más uso estando ahí.

Mes favorito para estar en Nueva York.
Septiembre.

¿Qué te gustaría incubar en tu vida?
Hmm. Supongo que un hijo o dos. Mi madre tenía una incubadora de pollos, y me encantaba incubar pollos. Así que si no un hijo, por lo menos un pollo.

¿Quién crees que va a ganar las próximas elecciones de Estados Unidos?
No creo que ganen las rondas preeliminares pero en este momento votaría por Barack Obama o quizá hasta Hillary Clinton, aunque ella se me hace demasiado política. Pero cualquiera sería mejor que Bush. Espero que no gane Guiliani, creo que sería un desastre que hubiera otro republicano como presidente.

Si pudieras ser cualquier fotógrafo muerto o vivo ¿quién serías?
Pues me encanta Robert Frank. Pero su vida fue un poco trágica, así que quién sabe. Mejor sería uno de esos retratistas viejos y extraños de algún pueblo perdido, con gente aleatoria e igualmente extraña buscándome para que les tomara su foto.

One thought on “STEFAN RUIZ & HIS RODEO QUEENS

  1. [...] Aquí puedes leer una entrevista con Stefan Ruiz. Y una frase de Nietzsche mencionada en la entrevista: “La única gente normal es la que no conoces“. [...]

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